Amados hermanos de mi amada iglesia de la Misión Centroamericana en El Salvador, es un gozo poder saludarles desde estas montañas de Silacayoapam en la sierra mixteca, agradeciéndoles por sostener la soga del evangelio juntamente con nosotros, pues juntos estamos llevando a cabo esta tarea de la evangelización a todas las naciones del mundo, sin importar su herencia étnica o cultural.

Ahora quiero dar conocer a grandes rasgos lo que juntos estamos haciendo entre los grupos étnicos de la Mixteca.

El día 24 de julio el hermano Francisco Olea, a quien de cariño le decimos Panchito, tomó la decisión de pasar por las aguas del bautismo. El hermano Francisco fue rescatado por Dios de las garras del alcohol hace aproximadamente tres años cuando se encontraba en una de las calles de Silacayoapam. Lo llevamos a nuestra casa con mi esposa y allí lo tuvimos en rehabilitación por varios meses hasta restaurarlo y desde ese momento él ha venido caminando con el Señor asistiendo a la iglesia y así fue creciendo hasta llegar al bautismo.